Postales desde el quinto B, número 8

La primera semana sin Instagram ha ido bien. Mi tiempo de pantalla en el móvil se ha reducido casi en un cuarenta por ciento. Echo de menos algunas cosas, ninguna de ellas imprescindible: alguna que otra conversación espontánea o ver las historias de conocidos que, en un momento, te sacan una sonrisa. Como intuía, el hecho de abandonar la red social ha causado más impacto entre las personas con las que, en realidad, tengo conexión por otras vías. Me ha sorprendido descubrir singularidades de las “conversaciones” que se producen alrededor del contenido que generamos en internet. Por ejemplo, compartir algo que te inspira y mencionar a su autor aunque no tenga publicaciones o actividad reciente en una red social. Es paradójico.

La fotografía sobre estas líneas corresponde a una calle del barrio de Lavapiés en Madrid. La tomé en uno de los paseos que aportan algo de luz a esta extraña situación. Me sirve para recordar la importancia de nuestra mirada sobre lo conocido y lo mucho que siento que estoy mirando hacia arriba en mis paseos urbanos. Algo que normalmente quedaba reservado a los viajes a lugares lejanos y desconocidos. Como sucede con las ciudades, hay varias formas de transitar internet: la más tranquila e íntima, propia de la conversación de café o su opuesto, la retrasmisión de la vida privada en las redes sociales. Estas postales cobran sentido con las respuestas que recibo cada semana. Y sí, si le dáis a responder me llega un email, así de fácil. Esto no es una newsletter promocional, lo siento.

A.


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