Postales desde el quinto B, número 13

Con la llegada del calor parece que esta correspondencia semanal tiene menos sentido. Digo parece, porque sé que algunos seguís leyendo cada postal con el interés de la primera semana, aunque ya no le déis a responder. Lo sé porque he podido hablar con algunos de vosotros en persona. Por eso lo entiendo. Apetece más compartir mesa y conversación en una terraza, que golpear durante unos minutos las yemas contra el cristal de la pantalla. Encima es viernes, ¿estamos locos?

Verónica me ha contado en alguna ocasión que cuando estudiaba arquitectura, uno de sus profesores les decía en clase que un arquitecto debía ir siempre bien vestido. Y os preguntaréis la razón, pues porque siempre ha de estar preparado para recibir un homenaje, sin importar el momento ni el lugar. Dejando de lado que el consejo es demasiado prometedor para un veinteañero que no se ha enfrentado a la realidad laboral, me quedo de la sugerencia con la intención del respeto que supone vestir bien para agradar a otros. Esa belleza mínima de la que habla Roger Scruton. Al igual que las calles del centro de Madrid adornadas con banderines esperando la celebración de algún festejo.

A.


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